domingo, 26 de abril de 2015

Libertados para servir a la justicia.


Hace un tiempo atrás estuve delicada de salud,
 y eso me obligó a parar y prácticamente acostarme en el sofá de la sala, 
así que me puse a ver una presentación de baile flamenco, (me cautiva la expresión corporal en toda la plenitud del taconeo), con la obra:

“Bodas de Sangre” de Lorca, en una versión muy especial.

En la escena final, la novia fugitiva y Leonardo, son  buscados por el Novio, con afán de venganza, por orden de su madre.

En esta escena de fuga se ve cabalgando a la pareja, “no hay caballo”, sólo la idea de estar sobre él huyendo, con grandes zancadas, imitando su trote  y con una iluminación de noche sin luna.

El novio dando órdenes a sus escogidos los envía en la búsqueda en direcciones opuestas y a él se le ve “sólo”, encontrándose al poco andar, con los fugitivos.

Se supone que descienden del caballo y se deslizan en el área con gran ímpetu, retándose, despojándose de sus chaquetas e iniciando un duelo de navajas.

La novia intenta separarlos, pero he aquí la escena única, que me deja, por minutos, viendo los desplazamientos de gran expresión, en lenta cámara humana, con roces de lucha, pero sin ruido, “ni uno solo” y lo hago notar porque transcurría sin música, ni canto de fondo, ni un palmoteo, nada de nada, y el público absorto, conteniendo la respiración, (metido en la escena, esperanzado en que nadie saliera herido), contemplaba en un silencio sepulcral la escena final.

Con los dos hombres heridos mortalmente y la novia con las manos ensangrentadas, fulminada de dolor.

Entonces la escena llega a su término, baja el telón y el público aplaude a rabiar la puesta en escena, ovacionando a sus protagonistas.

Me quedé pensando en los conflictos del “matrimonio cristiano”; en la pareja que no habla, que no se comunica, que da por sentado las cosas, que vive en la rutina, que no manifiesta sus afectos y por ende calla sus pensamientos y deja que la soledad se asomeentonces el desafecto cobra venganza, dándole entrada en la escena de la vida conyugal a “la seducción”, que se infiltra por las ventanas de los ojos, bailando la danza de la muerte, clavándole dulcemente, (aparentemente), la navaja de la perdición en la mente del cristiano, sí, porque muchas de nuestras luchas “no son oídas por el oído humano”, y las grandes batallas transcurren en el silencio de lo interno de la mente y corazón, ahí, donde sólo Dios ve y conoce.

Y mientras la ventana de la voluntad se abre al mundo, con oídos sordos a la obediencia, a lo preceptos, saltando los límites, caminando presurosa en medio de la noche, escondiéndose de la luz de la luna, el enemigo gana espacio en este campo abierto.

Los flancos del cristiano están listos para ser atacados, y el enemigo queriendo la total destrucción del cristiano, se ríe en su cara de sus errores, para intentar des-colocarlo de la posición original frente a la justicia que Dios obró en su vida cuando le perdonó allá en la cruz del calvario.

Entonces se deja caer la inmoralidad como invitada de gala a este desastre, viste de blanco para engañar a los sentidos, más sus pies corren por los ríos inmundos, arrastrándo al cristiano cada vez a su orilla, dejando que el mal olor le sea grato, hundiéndolo cada vez másllevándolo al límite,cercenando la cordura.

Pero siempre un haz de luna se vislumbra entre las sombras,
iluminando una mano que clama por auxilio, para no ser ahogado en el pantano del olvido.

¿Quién ha estado así alguna vez?

¿Quien ha ensangrentado sus manos en las filas de la infidelidad?

¿Quién no ha pedido auxilio en medio del pantano de las sombras?

Y sí, parece una obra de teatro y cada cual tiene una obra escrita en su vida.

Algunos en cierta medida, más dramática que otras, con problemas profundos, con raíces de amargura, influenciados por la navaja del pasado, intentándo asesinar el equilibrio de la vida del cristiano, pretendiendo hacer morir sus esperanzas de cambio.

Más la puesta final de la escena, en los cristianos,  está determinada por la voluntad de cambio, esa que opera con el acto de la obediencia ante tal ceguera, dejando que Cristo lave sus ojos de aquel lodo y sus ojos vean finalmente la luz de su perdón.

Si usted está frente a un dilema y es una mujer cristiana que quiere obedecer a y amar al Señor y se encuentra atrapada en la seducción,
ahogándose en el pantano del olvido, entonces tome una firme decisión en su vida:

Desista de su mal andar. 1ra Pedro 3:11

Humíllese ante el Señor.   Santiago 4:10

Confiese su pecado.

Pida perdón por su pecado  1ra Juan 1:9

Apártese del pecado    1ra de Pedro 3:11a

Renueve sus pensamientos en Cristo.   2da de Corintios 10:5b

Viva en Integridad   1ra Pedro 1:16

Extiéndase hacia la meta que tiene por delante
"La eternidad".

Primera de Pedro 4:2
Filipenses 3:13-14

Cuando usted cambie su actitud, dará prioridad a lo que le atañe como mujer cristiana, recuperará la visión que tiene por delante y se reubicara en la posición inicial de la mano del Señor con disciplina, esfuerzo diario y constante y esto le permitirá sortear con un buen paraguas espiritual las tormentas en su vida y sobre todo, restaurará su matrimonio, redimirá el tiempo que queda y volverá a amar y ser amada.

Le dejo un texto bíblico para meditar en la semana:

Y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.

Romanos 6:18


¡SEAN MUY BENDECIDAS! 





miércoles, 22 de abril de 2015